jueves, 30 de junio de 2011

Nadja

 Las gastadas Converse se aferraban a los pies de Nadja, ligeramente más grandes de lo que hubiese querido. La chica arrastraba su maleta por una calle vacía, apestosa a orín, alcohol y cigarros.
 ¿En dónde estaba metida? Sólo a ella se le debía ocurrir que viajar sola a Europa sería divertido. Y encima a espaldas de sus padres. ¿Qué dirían cuando supiesen que, en realidad, Josh no iba con ella? Su primo hacía tiempo que había desertado de la idea de vivir juntos. No se toleraban apretados en espacios pequeños.
 Aunque, considerando que el apartamente era una farsa, y que no habían ni hoteles ni moteles, el espacio era un problema de medidas distintas a las que había imaginado.
 Estaba bien jodida.
 Una chica apareció girando en la esquina. Iba en tacones altos, usaba medias negras y un vestido demasiado apretado para sus costillas, marcadas bajo los leves pliegues de la prenda.
— ¡Oye, tú!— llamó Nadja. La desconocida paró enseguida.
— No . Me llamo Marion.
— Oh, bueno— De cerca parecía aún más delgada. A Nadja le costaba concentrarse cuando veía sus huesos—. Quería tu ayuda, yo...
— Vienes a jugar un rato. Si me ganas en uno de mis juegos te ayudo, ¿vale?

 Más que jodida.

1 comentario: