A veces creo que puedo salir
Encogida bajo el alero protector del roble de nuestro patio, Callie no parecía más que una niña, apenas una muchacha azotada por el horror. Pálida, con cicatrices aún demasiado frescas para mi gusto, el vaho que emergía en volutas de su boca iba enredándose en su cabello, mucho más tangible de lo que cualquiera creería posible.
Escribía. Me sorprendió que alguien como ella aún tuviese el valor como para plasmarse a sí misma en un insulso papel.
A VECES CREO QUE PUEDO SALIR
A VECES...
Las palabras se me repetían, inconexas, vacuas, en mi mente demasiado enrevesada. Se aferraban a mis párpados con sus malditas garras de mierda, aferradas a una esperanza inútil. 54. Cincuenta y cuatro. Cinco y cuatro. A cada momento la ansiedad me rebosaba, me ahogaba. Apenas un número me separaba de tanto... De mi decisión, de la verdad... La vida, la muerte, todo encerrado en unos números, que para Ella (Él), no significaban absolutamente nada aparte de haber ganado. Me estremecí. Volví a poner mis ojos sobre el cuaderno...
A veces creo que no lo haré, cuando realmente importe.
Se nos estaba acortando el tiempo.
A VECES CREO QUE QUIERO VIVIR
Jonah, allí, con esos ojos aún llenos de lágrimas. No quiere que le vea llorar, y ya es tarde.
Ya es tan tarde.
A veces creo que quiero
Quiero
QUIERO
QUIERO MORIR.
(P.D. Callie es la que escribe de rojo. Rojo, rojo, como sus ojos después de quemarse los dedos. La cursiva es para las anotaciones en su cuaderno, y el resto es Jonah).
MEMENTO MORI
(Porque oscura es la noche, y llena de terrores)
lunes, 21 de octubre de 2013
viernes, 7 de septiembre de 2012
en el lado izquierdo superior de nuestras cajas torácicas.
Dicen que el ave fénix es inmortal, ¿recuerdas cuando te lo conté? Te encogiste de hombros, ajena al veneno de mi voz. Es una pena que seas inmortal, tonta; quería verte morir después de todo lo que nos ocurrió.
Pero te encogiste de hombros. Eres inmortal, ¿en qué te afecta nada? A veces me pregunto si el polvo de mis heridas te cosquillea en los costados, o nada más lo limpias como si quitarás migajas de un mantel...
Pero te fuiste, ¿y de mí qué quedó, sino un dolor punzante en el lado izquierdo superior de mi caja torácica? Te fuiste, y me dejaste en el umbral de una puerta que se me hacía demasiado grande para contener mis penas, mientras te veía arrastrando tu estúpida maleta roja con calcomanías de esos lugares que íbamos a ver juntos.
Qué manera la nuestra de querernos, así tan dentro, en la cavidad que siempre habíamos tenido vacía cuando estábamos cada uno por su lado. Maldita sea tu cavidad, que te alejó tan rápido de mí. Maldita tú, con tu pelo oscuro lleno de líneas rojas y esos ojos café-dorados que iluminaban el local cuando te sentabas a cantar acerca de todo lo que ansiabas sentir, y que yo ansiaba otorgarte. ¿Sabes cuál era el problema?...
... te encogiste de hombros,
y me olvidaste aquí.
Supernovas en el camino:
Corazones de hilo rojo,
Proyectos proyectosos
jueves, 14 de junio de 2012
Los dedos negros, los ojos rojos.
- ¿Eres inmortal?
Trudy miró a Callie, expectante. Nunca me imaginé que una no-muerta fuese capaz de fascinar tanto a una niña como mi hermanita, pero tampoco imaginé que ayudaría a una a morir. Supongo que fue la alineación de planetas, o algo.
Lo importante aquí, es que Callie estaba incómoda. Me miraba como diciéndome "Haz algo de una puta vez, imbécil". Enarqué las cejas.
- No, es más complicado que eso.
- Pero te ahogaste en mi bañera.
La mirada otra vez.
- Sí, pero...
- Mamá no me dejaba mentir nunca, ¿sabes? Decía que había un lugar especial en el Infierno para los mentirosos.
Fue la gota que colmó el vaso. Arrastré a Trudy a su cuarto, entre pataletas, y le dije que no saliera por nada de nada. Una promesa vaga, pero mi hermanita no rompía promesas jamás. Se sentó en su cama enfurruñada, y yo volví a la sala para ver a Callie.
No me esperaba que tuviera las manos metidas en la chimenea, sinceramente.
- ¡Callie, qué demonios!
Corrí y la empujé con todas mis fuerzas. Callie chilló y trató de clavarme las uñas, pero sus manos estaban chamuscadas, negras como el carbón. Horrorizada, se miró los dedos uno por uno y rompió a llorar.
Fue el espectáculo más feo de mi vida... La muy zorra lloraba sangre, y no me lo había dicho.
- Callie, ven...
- ¡Cállate, Jonah, tú no tienes idea!
Clavó sus ojos azul blanquecinos en mí, manchados de rojo, y yo tragué con dificultad.
De alguna manera, terminé estrechándola contra mí en el piso, dejando que me manchara con su sangre podrida, envuelta en mil capas de mantas y aún con frío.
- Callie...
- Jonah, cállate... Nunca sabes que decir, y... dudo que esta sea tu oportunidad.
-...
-...
- Tonta... Ahora hay que matarte de nuevo- Rió bajito, y me di cuenta de que estaba cansadísima y necesitaba cerrar los ojos. Bostezó y se arrebujó en las mantas. Sus accesos de ira me descolocaban.
- Será divertido- susurró.
Supernovas en el camino:
Apariciones y otras historias con tanto amor como una col,
Proyectos proyectosos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)