Como si nada sirviese para apaciguar
este hambre que me da punzadas en las costillas.
No es hambre alimentable;
no se satisface si le doy de comer,
y tal vez tenga más de sed que de hambruna.
Me deja dentelladas en los costados,
agita mi alma hasta dejarme sin aliento,
bombea mi sangre y me revienta las venas,
y todo lo que hago,
todo lo que intento,
la hace un poco más vívida,
un poco más ardorosa en la piel.
Como hambre de compañía, y sed de deseos.
No se puede mezclar dos dolores punzantes, pero...
es todo lo que tengo.
Es una pena.
Y debo vivir con ella.
Esto es lo que termino haciendo
después de una prueba de lenguaje .
A veces, hasta hago de mi mesa arte.
Es lo que me hace falta a mí, jugar un poco más con el lenguaje.
ResponderEliminarEh, pero que resultó algo lindo (: