— ¿En qué piensas?
¿Los medio-muertos piensan?
— En caer.
Ah, claro, eso lo explica todo.
¿No puedes hablar claro de una puta vez, Callie? Que estés muerta no te hace más entendible.
— Humm...
— En cómo me mataré ahora, imbécil.
Mejor, muchas gracias.
— Ah. Tú siempre con eso.
Silencio. Atemorizante, voraz, peor que todos los silencios.
Silencio de suicidas.
— Mierda, Callie, qué fea que estás.
Callie enarcando las cejas en 3, 2, 1...
— ¿Y eso? ¿No había nada nuevo en tu lista de insultos?
— Nada de eso. Se me ha ocurrido ahora. La muerte no te favorece, aunque todos digan lo contrario.
Ni por todo el dinero del mundo te harás más bella, Callie.
Puedes matarte esas mil veces a las que te condenaron, amor, y seguirás siendo la fea Callie de siempre. Porque la sangre no se paga fácil, y eso lo tienes bien claro, fea.
Fea y Muerta.
Re-muerta.
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