Y no lo hicieron. Fue una chica completamente desconocida la que lo logró.
Alcé la vista de café casi negro y me la topé. Avanzaba por el paso de cebra de la esquina. Era lo más parecido a una diosa que se pudiera encontrar. O a un demonio. Tenía el cabello rubio, en capas, con un par de trenzas. De alguna manera, lograba avanzar a pesar de los tacones altísimos de sus botas negras, y su vestido dejaba bastante poco para la imaginación. El maquillaje negro de sus ojos estaba ahumado, y, a excepción de sus medias de rejillas rosas, iba toda de negro.
Cuando clavó la vista en mí, el café dejó de importarme totalmente.
He vuelto (temporalmente) y con más ideas que antes.
Esperemos a ver cuánto dura esto.
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