sábado, 18 de junio de 2011

Crash, Black, Crash.

 El café de la mañana no podía ser más aburrido. Lo único bueno era saber que, con un poco de suerte, el día sería mejor de ahí en adelante. Miraba la espuma dar vueltas y vueltas con notoria desgana. Ni siquiera el mejor de mis amigos habría podido hacerme sonreír en aquel momento.
 Y no lo hicieron. Fue una chica completamente desconocida la que lo logró.
 Alcé la vista de café casi negro y me la topé. Avanzaba por el paso de cebra de la esquina. Era lo más parecido a una diosa que se pudiera encontrar. O a un demonio. Tenía el cabello rubio, en capas, con un par de trenzas. De alguna manera, lograba avanzar a pesar de los tacones altísimos de sus botas negras, y su vestido dejaba bastante poco para la imaginación. El maquillaje negro de sus ojos estaba ahumado, y, a excepción de sus medias de rejillas rosas, iba toda de negro.
 Cuando clavó la vista en mí, el café dejó de importarme totalmente.

He vuelto (temporalmente) y con más ideas que antes.
Esperemos a ver cuánto dura esto.

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