Oh, espera. Tú madre está muerta. Yo la maté, ¿recuerdas, cobarde?
— No te queda de otra; o te vienes conmigo, o te mueres, niña— Helena alzó los ojos del cuerpo inerte de su madre hacia la chica con el cartel que ponía su nombre.
— Dawn, yo...
— Y no me llames Dawn si te vienes conmigo. Acepto sólo DS. Estos de aquí no aceptaron mis condiciones, y ya ves como terminaron las cosas— DS se inclinó al frente, acortando la distancia entre la menuda Helena y ella—. No quieres terminar como ellos, ¿verdad?
Helena negó con rapidez. DS asintió, y agarró la mano blanca de la niña para empezar a arrastrarla. Ella se resistía.
— ¡¿Qué haces?! ¡Mis padres...!—empezó. DS la cortó con una mirada mortífera.
— Que se vayan al infierno, donde se merecían estar. Tú y yo vamos a entendernos; o mejor dicho, tú me vas a entender a mí. No voy a ser condesciente contigo por ser una "muñequita", como deben llamarte, de cuatro años. Te voy a tratar como me trataron a mí si no te comportas, ¿captas?
La niña dejó de gimotear y de oponer resistencia. No había salida: iba con DS
Era preferible morir, pero Helena era muy pequeña para comprenderlo.
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