— Hola, Stalin— La aludida alzó el rostro y le sonrió con dulzura a DS.
— Hola. ¿Sólo vienes tú?
— No, pero Charlatán está por ahí. Tu madre le está mostrando tus fotos de...
— ¡Ah, que no lo haga, por favor!
Stalin salió despedida por la puerta, dejando a DS sola con el crío. Se miraron uno al otro, sin hacer ruido. A la chica no le gustaban demasiado los bebés, pero por su amiga haría un esfuerzo.
— Si eres humano, espero que seas bueno—musitó ella—. Si eres un irracional, bienvenido al caos. Porque digamos que Stalin (o Stelle, como debes llamarla) no es muy concentrada que digamos.
Volvieron a mirarse y el bebé se carcajeó. DS soltó un bufido y se acercó para limpiarle la boca.
— Anda, cerdito, come bien.
El niño se rió con ´más ganas. No era tan desagradable, después de todo. Incluso le gustaba. Stalin llegó justo en ese momento, interrumpiendo a DS cuando mejor le caía el pequeño. Arrastraba a Charlatán y su pizarra de la manga.
—¡...y como vuelvas a mencionar esas fotos, te cortó la cabeza!—chillaba Stalin.
"Piedad" escribió Charlatán en la pizarra.
Probablemente esa fue una de las pocas veces en las que tuve corazón. Sólo Stalin y Helena podían lograr eso, y a veces Demon. Pero Stalin ya no está aquí, y Demon se fue a Europa...
Y Helena no era tan buena en esas cosas.
Un pedacito del proyecto que me traigo entre manos, que me tiene bastante emocionada.
Espero que éste sí logre terminarlo.
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