Si hubiera explotado sobre nuestras caras una nueva bomba atómica, ¿Sabes que hubiera pasado? No, no lo sabes, idiota. No hubiera pasado nada.
Nada en absoluto.
Nos hubieran dejado así. Porque no somos ni ángeles ni milagros. Ni siquiera servimos para la guerra. Estamos aquí, inhalando y robándoles oxígeno, nada más. Seríamos nosotros, con nuestro futuro marcado e indeleble.
¿Crees que nos salvarían? No seas imbécil.
Lo único que harían por nosotros sería vernos morir.
No te hagas ilusiones, cariño. Las cosas son así, y nosotros no dictamos las reglas. Sólo las obedecemos.
Aquí debes obedecer las reglas... O puedes preferir mirarte morir.
Mientras estaba allí parado, quieto, apoyado un poco contra el nudoso árbol, Felipe recordó un momento las palabras de Amelia. La voz cargada de lágrimas con la que las había pronunciado.
Era una mentirosa. Ellos no le habían mirado morir sin hacer nada.
Le estaban matando con sus propias manos, con sus actos.
Amelia no estaba allí para escucharle gritar que ella era una mentirosa de las peores.
Ni estaría nunca más. No mientras sus huesos descansara bajo tierra.
Ugh, no se como lo logras. Tus escenas siempre son tan memorables, con las palabras exactas necesarias, siempre tan convincentes y llenas de... de eso de lo que sea que quieras llenarlas.
ResponderEliminar