Abrió los ojos con sumo cuidado, dejando resbalar un poco de polvo que se había juntado en sus pestañas de un rubio débil. Tosió y estornudo un par de veces, con un desagradable sonido como de enferma. Unas gotitas de sangre mancharon el ya completamente arruinado suelo, más oscuras y brillantes que las lagunas secas que yacían bajo su cuerpo. Se palpó el costado, notando sólo un leve dolor viejo. Al levantarse la camiseta, sólo había una cicatriz larga y rosada recorriéndole el abdomen.
Una puerta se abrió, iluminando todo el sótano tan repentinamente, que la chica gimió un poco, quedando cegada por algunos segundos. El polvo se arremolinó a su alrededor cuando entró la primera ráfaga de viento.
— ¿Despierta?
La chica asintió como embobada.
— Felicidades... Acabas de atravesar la muerte y sobrevivir, querida.
Probablemente las actualizaciones
se vuelvan aun más lentas luego de ésta.
Comienzan mis clases.
Enhorabuena. Un brindis por ella, seguro querrá un trago...
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