Nunca te he hablado de mis sueños, ¿sabes? Y sí, sé cuán poco te intereso, sé que prefieres atravesarte de música mientras te hablo para llenar un silencio que termina siendo sólo mío.
Sé mucho más de lo que debería, como que te vi aquella tarde cuando rompiste el jarrón jugando béisbol dentro de tu casa. Porque yo estaba en la ventana siempre, como si le hubieran puesto pegamento y yo no lo supiese. Y te vi desde allí.
También sé de los juegos. De cómo el dinero se te fue escurriendo cual gotas de rocío por entre los dedos... y las cartas mal pensadas. Y esas infructuosas partidas de billar. Y los burdeles. Sé que prefieres estar allá a vértelas conmigo, porque tú también eres consciente de todo este conocimiento que tengo acerca de esa vida que creías nadie conocía. Y yo...
— Perdona, ¿dijiste algo, Sarah?
La chica miró con los ojos empañados en tristeza a Russel. No le había prestado atención. Se había pasado el camino con los auriculares puestos, sin siquiera mirarle en algúb momento. Como siempre.
Dolida, miró hacia las casas que pasaban y negó suavemente con la cabeza.
— No, no dije nada.
Lo que Sarah no supo, era que Russel llevaba casi siete años sin comprarles baterías nuevas a su reproductor de música.
Pues espero que Sarah se dé cuenta pronto de lo que en verdad está pasando.
ResponderEliminarun beso :333