Bang tenía un paso decidido, pero sólo a veces. Otras tantas, se tambaleaba como borracha por los caminos. Y unas menos, simplemente parecía una niña pequeña.
Lo que nunca cambiaba era su sonrisa arrogante y torcida, su sonrisa que ocultaba todo lo que no quería gritar. Y a Revólver le fascinaba que fuese así; tan fiera como tigresa, cuando en el fondo sólo era una gatita abandonada en la calle. Porque él quería ser quien la recogiese y la mimase.
Y ese día, específicamente, Bang estaba bien dispuesta a dejarse llevar por la vorágine de Revólver.
— ¿Te sientes bien de veras? Digo, me parece que dijiste que nunca nadie podía contigo— Revólver sonrió con chulería e indicó la quemadura que la bala le había dejado al rozarle. Bang bufó.
— Sí, sí, como digas, Llanero Solitario. ¿Por qué mejor no te vas a meter la nariz en uno de tus tan preciados libros?
Revólver suspiró. Esa chica siempre estaba a la defensiva, evitando a toda costa que su reputación y su orgullo patinaran por los suelos.
Y él siempre quería ver ese espectáculo. Y cuando el fin podía apreciarlo, resultaba que le daba lástima.
— Lo haría si tú no hubieras quemado más de la mitad. Y ya me iban quedando pocos desde un comienzo.
— Alégrate, ahora tienes espacio para más.
— Vete al infierno, Bang.
Bang esbozó su mejor sonrisa, haciendo que a Revólver le recorriera un estremecimiento.
— ¿Por qué tiemblas, cobarde? ¿Te doy miedo?— Bang nunca entendía nada. Allí estaba él, temblando como idiota por escuchar los insultos de la mujer que adoraba, y ella pensaba que todo era por miedo. Para ella, todo se basaba en el miedo.
— ¿Realemente quieres saberlo, niña? Porque miedo no es.
— Pruébame.
Obediente, Revólver dejó limpiar la quemadura y se levantó. Sentada en la encimera, Bang al fin quedaba a su altura. Y, con la mayor velocidad que podía, el chico tomó su rostro y le plantó un beso cargado de deseo, haciendo que a ella se le escapase un jadeo de sorpresa y placer.
Pero luego ella le dio una bofetada... Y acercó su rostro menudo para darle un beso de vuelta.
Ay, Bang, lo único que te pido es que no me vueles el corazón, ¿quieres?
Me encantan esos dos. Y ella es tiradita a mi Paranoia.
ResponderEliminarBuenos cambios. Se ve bien.