jueves, 24 de febrero de 2011

Se sentía como ser Harry Potter...

 Nos quedábamos en el cuartito bajo la escalera cuando sentíamos la tormenta. Cuando el sol iluminaba, pero papá pasaba dando gritos hasta el cielo tras los delicados y tímidos pasos de mamá. Se sentía como ser Harry Potter, aunque estábamos ocupados en otras cosas como para darnos cuenta. Estábamos ocupados en pegar la oreja a la pared y preparar el número de urgencias.
 Se oía el tintinear escalofriantes de los mil pedazos de platos que chocaban, tan cerca, separados de nosotros sólo por una fina pared, y a la vez deseábamos que se tratase de algo distante, algo que sucediese allá en la China, y no en nuestra casa. Oíamos los gritos histéricos de mamá, rogando por piedad a un hombre ciego de rabia.
 Estábamos ocupados intentando recordar el número de urgencias, devanándonos los sesos para inventar cientos de mentiras convincentes para mantener "unida" a la familia.
 Y no me preguntes por qué... Yo sólo marcaba el número, ¿recuerdas que las ideas eran cosa tuya?

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