Nos quedábamos en el cuartito bajo la escalera cuando sentíamos la tormenta. Cuando el sol iluminaba, pero papá pasaba dando gritos hasta el cielo tras los delicados y tímidos pasos de mamá. Se sentía como ser Harry Potter, aunque estábamos ocupados en otras cosas como para darnos cuenta. Estábamos ocupados en pegar la oreja a la pared y preparar el número de urgencias.
Se oía el tintinear escalofriantes de los mil pedazos de platos que chocaban, tan cerca, separados de nosotros sólo por una fina pared, y a la vez deseábamos que se tratase de algo distante, algo que sucediese allá en la China, y no en nuestra casa. Oíamos los gritos histéricos de mamá, rogando por piedad a un hombre ciego de rabia.
Estábamos ocupados intentando recordar el número de urgencias, devanándonos los sesos para inventar cientos de mentiras convincentes para mantener "unida" a la familia.
Y no me preguntes por qué... Yo sólo marcaba el número, ¿recuerdas que las ideas eran cosa tuya?
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