¿Qué haría? Pues no lo sé. Las opciones me son infinitas. Podrá gritar; ya sabes, pararme como una suerte de estatua y abrir la boca, juntar el aire y liberarle junto a una enorme vibración de mis cuerdas vocales. Podría correr, correr como si alguien me siguiese, por todo el bosque, por toda la calle. Podría leer; dejarlo pasar y sentarme a leer. Y puedo hasta no oírte. Y también poner toda la atención del mundo.
Pero, ¿sabes lo que sé que terminaré haciendo?
Todo. Te lo mereces.
A lo mejor elegir una sola opción no es suficiente...
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