Había una chica sentada en la acera. Junto a ella, una bicicleta. No alzó la vista cuando me acerqué, pero sí habló.
— ¿Vienes a decirme algo más, Josh?—musitó con furia.
— ¿Quién es Josh?—Ahora me miraba. Sonreí, divertido por la sorpresa de su cara, y le tendí mi mano para ayudarle a levantarse.
— Perdóname... Me confundí, nada más.
—Está bien, ¿a quién no le pasa?
Se encogió de hombros y volvió a montarse en la bici. Era roja, realmente bonita. Ella parecía algo incómoda.
— Realmente lo siento...—repitió.
— Ya, ya. No importa... Es una grandiosa bicicleta.
— Gracias.
Acarició el metal con mimo. Tenía una sonrisa guardada en la comisura de los labios, pero no la quería soltar. Iba a pedalear, pero yo la retuve.
— Dale una paliza a ese Josh... Sé la valiente que eres y déjalo tirado en el suelo. Y puede que no nos conozcamos, pero de veras creo que serás capaz.
— ¿Por qué?
— Porque tienes cara de reina—Esbocé mi mejor sonrisa—. Lo reyes no caen, menos los grandes, cariño.
Ya, claro que los reyes no caen. Y si alguien viene y te dice que tienes cara de reina, ¿que mas quedas si no creerle?, ademas, quien sabe, puede que el tuviera cara de sabio.
ResponderEliminarMe encanto (: sobre todo la bicicleta.