martes, 8 de febrero de 2011

Luca

 Luca era el fuerte en el grupo. Lo aparentaba bien. Y sí, he dicho aparentaba. Tenía esa careta de duro y los músculos marcados bajo las sudaderas de después de correr, pero, por dentro, clavado como espinas en su alama, estaba todo el miedo que no sabía soltar. Lo criaron para boxeador y terminó vendiendo flores con Florence (porque fue el primero y el único que pudo soportar la religiosidad fanática de la desdichada Florence). Pero ni con ella se liberó de las sombras del pasado, de las peleas en bares a las horas de la borrachera, ni de la cárcel... Y Marion entró en escena para enpeorarlo. Ella buscaba algo pasajero, pero demostraba que necesitaba amor. Y Luca se lo podía dar, porque el amor era demostrable, no así el miedo, como ya hemos dicho.
 Pero Marion era de las que se guiaban por lo que querían, incluso cuando Luca fue el único hombre que tocó su fondo.
 Y huyó.
 Luca no huyó. No físicamente. Se quedó estancado entre las flores, escuchando los cuentos de Nadja y pensando en su padre. Volviendo a las sombras. Volviendo a lo que intentaba alejar.
 Sólo cuando miró a Naomi lanzarse la ventana, supo que debía arreglar las cosas.
 Suerte que Marion no tardó en volver.

1 comentario:

  1. Suerte que Marion volvió, pero para lo que me dices... no me agrada mucho.

    Cielos, adoro tus relatos.

    ResponderEliminar