La niebla se había congregado sobre sus cabezas de un momento a otro, como si jamás hubiese habido un Sol de verano en el día. Keith abrió los ojos con asombro y observó la enorme sonrisa de Kaya, quien tenía los brazos extendidos hacia los lados y miraba con intensidad el cielo. La humedad aprisionaba los pulmones, pero de una manera antinatural. Demasiado.
—¿No querías que nadie te matara? A mí me encanta matar sueños. Este no será difícil. Sólo...—Kaya se detuvo de golpe y miró a Keith con crueldad. Su mano fue cerrándose en un puño lentamente—...Sólo asfixia. Asfixia por ambiente hostil.
Al chico la garganta se le cerró y cayó de rodillas al suelo. Kaya emitió una carcajada que sonaba más a mil gritos de dolor, de sufrimiento. Keith empezó a perder visión, las cosas estaban borrosas.
El cielo y la tierra se abrían.
Las nubes se separaron para mostrar un Sol gigantesco y rojo, salpicando llamas por diestra y siniestra. El suelo se partió como por un terremoto, y la lava salpicó todo. Keith se quemaba. Por dentro primero, como si hubiese explotado. Luego toda la piel. Ardía. Y Kaya reía como condenada...
... Y lo siguiente fue que despertó en el suelo, con el cielo azul y un Sol amarillo y brillante en lo más alto. Y tierra firme.
Y brujas dormida. O sólo Kaya.
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