jueves, 10 de febrero de 2011

Supernovas.

 Mientras empujó con los dedos las cortinas rajadas, pienso en que sería a.
 A, pero en griego.
 Sin.
 Sería sin-sociedad, sin-escrúpulos, sin-cordura.
 Todo lo que hay de malo en este mundo idealizado (desde la moralidad, hasta lo innecesario), me tendría sin cuidado.
 Que a mí sólo me importa caer, y perderme allá, en los abismos que nadie roza.
 Caer desde lo alto, abalanzarse al vacío.
 Y llenar mi corazón de nada y pasión.
 Me falta pasión. La quiero. Como las niñas caprichosas.
 Me hace falta para fundir la bala que atravesará mi alma.
 Aunque, cuando la dispare, ya no esté en este mundo.

 Soy más de las que volarán en su último día, no de las que se volarán la cabeza.
 Y no me arrepiento de siquiera imaginarlo. Simplemente lo haría.
 Me hallaréis joven en mi tumba. Joven y pálida, como siempre he querido.

 Y abrazada a una supernova en plena explosión, mientras me dedico a quemar las ciudades aplastadas bajo mis pies.

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