Neko llegó de la nada, o eso supusimos cuando nos dimos cuenta de que ni ella misma sabía quién diablos era. Lo único que logró recordar era que vivió en Tokyo y que le gustaban los gatos. El día en que la encontramos en la calle, sólo se puso a gritar "Neko" sin parar. Tendría más o menos dieciocho, pero parecía una niña en tamaño y manera de ser. Neko aprendió inglés rápido, pero siempre decía su apodo (ya que nunca se llamó Neko, pero decía que su nombre era muy feo, y que prefería seguir siendo gato) entre frases. A veces te la topabas en la calle, y empezaba: "Neko, hola. ¿Cómo, Neko, estás?", y cuando decía cosas largas, debías estar atento para seguirle el hilo.
Neko fue siempre protectora de Florence, y protegida de Naomi. Cuando esta ultima saltó, ya su vida había cambiado, y la seriedad le había encontrado. Pero fue quien más le lloró de todos, recordando de golpe los buenos tiempos y volviendo a ser niña una vez más.
Nuestra Neko imaginativa, con su cabecita loca y una habilidad para las acrobacias increíble, era la predilecta, e incluso luego de la separación, todos la recordaron como "el gatito".
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