viernes, 7 de enero de 2011

A mí la toalla no se me va a resbalar de las manos

 Valerie miró un minuto a Linda, mientras ésta le limpiaba el rasguño en el brazo. La chica hizo una pequeña mueca de dolor, y luego suspiró apenada.
—Tal vez sea tiempo de soltar a los gatos... Dedos ya no me soporta, ni a los otros.
—Desorden y el resto volverán—replicó Linda, alzando los ojos sólo un segundo desde su posición arrodillada, para ver mejor la herida.
—No lo creo... Ninguno de mis gatos me había rasguñado nunca, ¿sabes? Creo que es porque dejé de ser una buena dueña.
—¿Qué dices?
—Me he preocupado demasiado de mí, y muy poco de ellos— Linda terminó su labor y se sentó sobre sus piernas.
—Nunca es fácil estabilizarse, Val. No por eso debes dejar de tratar.
—No... Por eso aun sostengo firme la toalla. 

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