sábado, 1 de enero de 2011

Marion

 Marion era de huesos y poquita piel. Siempre había sido así, o por lo menos desde que un tío la dejó por resultarle "gorda". Le llegó como una patada en el estómago. De las que dejan marcas. Antes Marion era delgada, pero luego le contabas las costillas de un vistazo. Eso sí, nunca dejó de ser guapa, con su carita de corazón y los cabellos cortos. Daba pena verla cuando llegaba a algún bar de mala muerte en la noche. Se  le veía demasiado frágil. El problema es que Marion es engañosa, y en el momento menos pensado te ha ganado todo tu dinero y el auto, en billar y póker. Luego, como para hacerte un favor, te presenta el baño público y sus huesos, con una expresión hambrienta que quita el aliento, aunque el resto del día sólo parece vacía.
 Marion me obligó a enamorarme cuando menos quería, cuando menos se podía. Me dejé llevar por sus actitudes y su tristeza.
 Y al final, ella se coronó reina y yo vasallo.

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