Bonfire me tenía sin cuidado. Se trataba tan sólo de un maldito demonio, que se hacía luego llamar Teo por un problema contra el latín, y una ironía para Dios, según él mismo decía. Lo de "hoguera" era porque se trataba de una mera obviedad: eso era, y nada más; sin contar que a ciertos demonios les costaba la cosa con el sarcasmo y la creciente estupidez de muchos seres infernales lo ponían malo. Teo quemaba. Quemaba tu alma y carbonizaba tus cachos de corazón. No le importaba nada en absoluto. Era un sádico medio masoquista como pocos, más de los primero que lo segundo. A él le venía más ser el tipo cruel, pero nunca estaba mal sentirse con los ánimos por el suelo con gusto. Rayaba de "chico malo sin causa", y te cogía por ambos brazos cuando le tendías la mano, sólo por probarte que de dulce y buena persona él nada tenía, que te mataría con gusto, sería un homicida de diestra a siniestra. El chico se soñaba un Abaddon cualquiera, para joderse a todo el maldito mundo con tanto poder; el problema es que a veces era un gilipollas sin medida, y las cosas se le iban de las manos como si hubiese cogido un puñado de arena. Para mí, lo peor fue siempre lo irresistible que lograba ser, con eso de ser una especie de "nada" (como Abyss decía), que lograba abarcar un "todo"; su cuerpo de infarto; las actitudes de "no-te-metas-con-este-demonio"; y todo ese montón de cosas. Teo era un cretino y eso, ¿pero a quién no le gusta jugar con fuego?
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