jueves, 2 de diciembre de 2010

No cometas errores, Matt.

 A Matt siempre le costaba disimular las sensaciones que Linda le producía cuando andaba cerca. A veces, luego de ser obligado a bailar con ella, tenía que encerrarse un rato en el baño para deshacerse de todos los calores. Le molestaba ser así de débil con aquella mujer, en especial cuando Matilde andaba cerca. Amaba a su prometida, pero los ardores que le daban las miradas de Linda le volvían loco.

 Una noche, mientras su hermana y Jane no estaban, Matt fue al apartamento de Linda. Había visto salir a Mary hacía un rato, y las posibilidades en su mente le ponían aun más.
–Hola, Matt–saludó la joven al verle. Tragando saliva, y un tanto ebrio por unas copas tragadas hacía unos minutos, sólo supo hacer una cosa: usar sus pasiones calladas en la cama con Linda.

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