jueves, 2 de diciembre de 2010

5 noches y un beso, Meg

 Daniel era un jovencito silencioso, de esos que no beben sin antes sacar un libro de los bolsillos de su chaqueta, aunque sólo fuese para evitar hablar con nadie. Allí estaba aquella calurosa noche; las paredes sudaban, pero él parecía inmutable con su ejemplar de "Romeo y Julieta" pegado a la nariz, respirando bien suavecito, cómodo junto a la barra. Meg, que le había estado observando durante 5 noches seguidas, loca de curiosidad por el extraño muchachito y su maravillosa concentración, apenas si reprimía las ganas de jalarlo hasta la cama más cercana. Durante las 5 noches, había coqueteado con cuanto hombre se le cruzara, buscando despertar alguna sensación en la mente juvenil. Ya era la noche 6, y todo con Daniel debía cuajar ahí... Para ella, claro.
–Niño...–Daniel alzó sus bonitos ojos suavemente.– ¿Me das un beso?

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