jueves, 2 de diciembre de 2010

La máquina de escribir

 Blanche C. se colocó frente a la máquina de escribir de su madre y se dedicó a presionar botones y botones, creando un cuento del que se le podía hacer merecedora del Nobel de literatura. No había cometido ni faltas ortográficas ni se equivocó con los signos de puntuación. Al terminar, cogió las gafas a su lado y, bizqueando, leyó (o recitó, más bien, porque apenas veía) el escrito. Blanche D., anonada por la maravillosa redacción, sacó su lista del bolsito y colocó otro punto, con su extraña jerigonza infantil:
*Oy, Colette fue una escritora y yo, Daphne, una ezpectadora".

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