lunes, 22 de noviembre de 2010

La esquina de las putas

 Piper fumaba, dándole caladas profundas a su cigarrillo. Le había obedecido a Claudia y llevaba una chaqueta que le quedaba grande. Como siempre, no sentía el frío de su esquina; pero sí la mano que le asió con fuerza por el hombro y la arrastró al sótano frente a ella.
- Piper, te espera un cliente- La aludida observó a Liz y se despojó de toda su ropa, excepto del conjunto negro de encaje. Luego, apenas si se limitó a tumbarse en una cama cualquiera y a sentir las tímidas caricias en su piel.

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