-¿Mary?¿Estás ahí?-Linda pegó la oreja a la puerta del baño, intentando descifrar aquellos ruiditos que venían después de la madera.
-Mm...Sí...Estoy algo ocupada.
-¿Te entró indigestión? Pasaste tan rápido que creí que se trataba de Speedy Gonzáles- Mary rió bajito. Linda y sus ocurrencias siempre le divertían. Pero la sonrisa y los ojos se le ensombrecieron casi de inmediato.
En el espejo se veía a una chica demasiado parecida a ella, con el pelo teñido en rojo cereza, los ojos marrones y los párpados con sombras amarillas y naranjas. Pero era difícil definir si de ella se trataba cuando tenía los labios destrozados con los mordiscos, los pómulos llenos de moretones, la frente manchada de sangre y el lóbulo de la oreja herido. Oyó la perilla girar, pero no se inmutó.
Linda se quedó en silencio, respirando tranquila, como si ya no importase tanto como antes. Incluso ella se sorprendió de aquello. Miró a Mary con tristeza y abrió la boca.
-¿Sabes, cariño?- musitó-. Yo no sé si quiero ver tu funeral.
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