martes, 2 de agosto de 2011

Sus carnes heridas.

 De sus manos delgadas, huesudas, se leían biografías mal escritas, se leían mentiras poco dichas, y otro montón de cosas que Belle jamás debió saber. Pero se marcaban en su piel. Se marcaban como verdaderos tatuajes, que le escocían por las noches como si la pusieran al rojo vivo. Chillaba hasta que no le quedaban pulmones, a veces llamando a mil familiares difuntos, o a Lala...
..., o a Finn.
 No respondían. Con un poco de suerte, Marianne revisaba que no se arrancase la carne con las uñas.

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