sábado, 21 de mayo de 2011

Bajo la cama hay algo verde.

 Cuando Nanai se fue a dormir, supo que había algo raro en el cuarto. Era un calor raro, que le adormecía, pero le daba cosquillas para no dejarla dormir. Se metió entre las sábanas y apagó la luz de la mesilla de noche. Y cerró los ojos, sintiendo ese calor raro de antes.
*  *  *
 Rasposo. Algo viscoso y un poco pegajoso. Rasposo otra vez. El calor. Dormir, cosquillas. Nanai abrió los ojos. Algo se movió con rapidez en la oscuridad y se fue bajo su cama. Algo con cola que gimoteó un poco. La niña encendió su lamparita y bajó la cabeza para mirar, a punto de caer de bruces.
 Una cosa verde amarillenta, llena de escamas, con un ojo grande y púrpura, dos cuernos y cara de susto le devolvió la mirada.
— Hola—saludó Nanai. Debía ser medianoche, así que habló bajito para no despertar a sus padres—. ¿Quién eres tú?
 La cosa no respondió. Gimoteó un poco más y miró hacia atrás, a su lánguida cola terminada en un pompón peludo. Tenía un rasguño.
— Ah, vaya. ¿Te duele mucho?— preguntó la niña. La cosa asintió—. Pues habrá que curarte. Mi abuelo se dejó una herida sin cuidar una vez y... Bueno, supongo que algo malo pasó, porque no le he visto desde entonces.
 Y mientras Nanai iba a buscar vendas y cosas así, recordó una cosa que había dicho su madre.
 Al abuelo le dispararon en el pecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario