Click
Saltó un tronco caído y rodó por el suelo al tropezar con una rama. Las hojas y el barro se le pegaron en todo el cuerpo, pero una mirada hacia atrás le dio la energía para levantarse y volver a correr. Pasó como una flecha frente a una cabaña solitaria, y jadeo un poco al sentir que los pies le ardían horriblemente. Se detuvo. Apoyó las manos en sus muslos y respiró con dificultad.
—¡Sybille!
Abrió de golpe los ojos. Venían ya demasiado cerca. Repitieron con más furia su nombre, y pronto llegaron a su posición.
Pero Sybille no estaba allí... Sí su sangre y unos cartuchos de balas vacíos.
¿A dónde me llavas, cazador?
Que blog tan interesante!
ResponderEliminarde dónde sale ese cazador?
¡Quién sabe! (Aun es una pequeña idea, la cual espero que aflore para escribir más de él)
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