Cuando conocí a Joseph por primera vez, dijo que quería ser el mejor mago del mundo..., o ilusionista, dependiendo de las opciones. El próximo Houdini, se hacía llamar. Cuando lo conocí por segunda vez, ya crecido y amigo de Marion, era justo lo que había soñado: un mago de los buenos. De esos que te sorprendían con un conejo entre tus dedos, o que sacaban monedas cuando te daban un beso.
Él dijo que me quería. Lo dijo mientras murmuraba que tirara de un pañuelo, del cual venía atado otro, otro y otro, hasta llegar a un papelito con un "te quiero" tímido, pequeño, dulzón. Me sonrió pequeño y yo le pregunté si los magos se casaban con las perdidas en los cuentos.
— A mí me parece que no—respondío—. Por eso nosotros seremos los primeros, Nadja.
Pero que preciosura *O*
ResponderEliminar