Mirar dentro de Sybille... Vaya, si alguien me lo hubiese preguntado, no hubiera sabido responder. Porque... ¡Bueno, es que no se puede mirar dentro de las piedras,maldita sea, y Sybille era una jodida piedra! Traté, sí, muchas veces. Le miraba las piernas (¡Gloriosas piernas, señores!) y esperaba que algo en ella se ablandase cuando luego alzaba de golpe los ojos hasta su rostro pálido. Nada. Nunca sucedía nada. Una que otra vez noté que intentaba ocultar algo, pero se volteaba sin más y no aceptaba preguntas.
Pero yo sabía un secreto. Yo sabía, Sybille, que tú te escabullías del sueño, para ir a mirar como yo dormía.
Y susurrabas "Perdóname",
cuando creías que nadie oía.
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