lunes, 27 de diciembre de 2010

Ha pasado mucho tiempo, ángel

 Saltó la valla como si nada, en un santiamén. Por la esquina, había paseado, ondeante, aquella cabellera tan conocida. Algo le oprimió el pecho con demasiada fuerza, una sensación jamás antes percibida. Dobló la esquina. ¿Cómo podía ser ella más rápida, si era absolutamente imposible? De nuevo, se le encogió algo en el pecho. Aceleró un poco más al descubrir los cabellos rubios en el aire, y esquivó a todo el que le estorbó el paso. No les hizo daño, podían castigarlo por matarlos con su mero roce. Y ella paró en seco. Él también. Ella volteó con cuidado, temerosa. Encontró esos ojos negros, que tan bien conocía, mirándola con un dolor que a ambos les carcomía por dentro. Una lágrima se le escapó por las mejillas, pero sólo supo decir una palabra:
–Abaddon.
 Al oír pronunciado su nombre, el ángel apareció en menos de un pestañeo tras la chica, muy cerca, pero sin llegar a tocarla.
–Ha pasado mucho tiempo, querida.
–Pero sigues igual.
–Tú no... Estás más guapa.

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