miércoles, 22 de diciembre de 2010

De abismos y hogueras (II)

Para saber de qué va esto aquí.
 
 Bonfire se sentó en el suelo, frente a Abyss, sólo que protegido por las rejas de la jaula de la chica. "Para llamarse 'hoguera', tiene unos ojos de hielo" pensó Abyss. Era algo irónico, en realidad. Gateó como pudo, debido a los grilletes en sus pies pegados a los barrotes de la jaula, y llegó lo más cerca que logró de él. Los separaba un escazo metro. Resignada a no poder avanzar más, se sentó sobre sus piernas.
–Vaya, vaya. Creo que tenemos una linda gatita, ¿eh?–dijo él. La comisura izquierda de sus labios se alzó repentinamente.
–Y un cobarde que se cree Dios, ¿eh?
 Bonfire suspiró. De pronto, algo le cubrió la boca a Abyss, y el chico ya no estaba frente a ella. La tenían inmovilizada contra la jaula, con la nariz pegada a la de Bonfire. Se revolvió furiosa, y trató de morderle un dedo al tipo, sin éxito alguno.
–Podría matarte–susurró Bonfire–. Aquí y ahora. Le mentiría a Zero, me da igual si me castigan. al menos me habré librado de tí, escoria.
–¡Arrgh! ¡Suéltame!
–Podría matarte–La fría voz le atravesó el tímpano a Abyss como una daga, que al fin era libre e intentaba controlar el fuerte mareo. Sintió la sangre resbalarle por la mejilla, como una caricia. Ah, no. Si dolía tanto, no podía ser una caricia.

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