martes, 26 de octubre de 2010

De cómo Valerie tuvo su primer gato

 Desde el florero de su abuela, a las sandalias de su madre, Valerie no le daba crédito a lo que sus ojos veían. Un gato, uno sólo, le había revolucionado su apartamento. Le lanzó una sola mirada envenenada, lo agarró y dejó al animal afuera.

 Con el frío nocturno, el gato empezó a maullar. Había llegado a esa casa con la remota esperanza (ahora rota) de conseguir un hogar, y sólo había logrado verse frente a la puerta de salida. Y esa puerta volvía a abrirse.
-Te llamarás Desorden. Entra.

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