sábado, 28 de agosto de 2010

Noche

 Matilde se tumbó sobre su espalda en la cama olor a sudor. Arrugó la nariz con gesto descontento, pero lo quitó cuando percibió la suave caricia de él en sus hombros desnudos. Extendió sus brazos para asirle, pero el se quedó absorto en el maquillaje corrido como de payaso que ella llevaba.
-Cariño, considero oportuno un lavado de rostro- le dijo, un tanto despectivo.
-En tal caso, yo considero conveniente un buen baño para ti, con mucho jabón.¡No sabes cuántas bacterias te debiste agarrar en menuda cama que pediste!
-Cállate -Él se abalanzó sobre Matilde y la fundió en sus típicos abrazos apretujados y casi empalagosos. La chica sólo atinó a verle la cara y fundir ambas bocas.

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