Ya no había que huir. No cuando todo el mundo se desmoronaba frente a mis ojos, ni cuando veía caer a los grandes, a los poderosos.
Lo había visto todo. Mi corazón de frío metal se había guardado esas imágenes de horror, intentando eliminarlas, pero fue en vano.
Yo recuerdo. Nadie podrá eliminar mis memorias nunca más.
Recuerdas eso, ¿no, Ray? Por supuesto que lo recuerdas. Cuando me dijiste que para mí sólo había una vida, y que ni siquiera las putas la querrían.
Te diré algo: No necesito putas. Sólo un trovador que cante mis hazañas, imbécil. Porque tengo hazañas, muchas, y la primera de ellas es bellísima, pero sobre todo, épica. Se llama:
Cómo Emily Corazón de Metal mató al que le robó el soplo de vida.
Andy
Supongamos que yo no la hubiese hallado entonces; que Cole nunca llegó para ayudarnos, con sus malditas canciones con sabor amargo; que Eme jamás se molesto en tenderle la mano a la estúpida plateada esa. ¿Qué tan lejos hubiese llegado Emily La Sin Recuerdos sin su banda de improbables? Supongo que se hubiera muerto ahí mismo, acurrucada entre un lecho de hojas muertas y hielo, intentando olvidar las pesadillas de la sangre, el metal, el fuego, que se sucedían cada noche en su cabeza.
Por suerte, la encontré.
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