sábado, 6 de noviembre de 2010

La cesta

 Blanche D. fue dando saltitos a su casa del árbol, la que habían fabricado en el gran roble de su jardín los primeros propietarios de la casa. Llevaba una cesta en el brazo, y miguitas en su jersey verde claro, que delataban el panquecito que había comido. Reía como un pajarillo encantador, muy distinto a la risa-graznido de Blanche C., que le esperaba pacientemente desde lo alto del árbol.
-¡Ya estoy aquí, Colette!-gritó Blanche D. Una rubia cabecilla asomó con una sonrisa, y lanzó un gancho que les servía para subir las cosas, mientras la otra niña iba por la escalera de cuerda. Luego, cómoda y con comida en las ropas, Blanche C. tuvo una idea.
-¿Seamos críticas de comida, Daphne?

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