Desde tiempos inmemoriables, esa ha sido la frase típica de Margaret. Si estás triste, te da un pastel. Si estás alegre, un pastel. Y así, con cada persona del piso 3. Porque, más allá del alma prostituta y aparentemente fría de Meg, hay una mujer maternal, que quiere darle pasteles a todo el mundo. Aunque, cuando se trata de pasteles para Piper o Daniel, los sirve sobre sus sábanas húmedas recién usadas, casi de forma obscena.
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